La insistencia de Dios

Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto. Abre bien la boca, y te la llenaré. “Pero mi pueblo no me escuchó; Israel no quiso hacerme caso. Por eso los abandoné a su obstinada voluntad, para que actuaran como mejor les pareciera. “Si mi pueblo tan sólo me escuchara, si Israel quisiera andar por mis *caminos, ¡cuán pronto sometería yo a sus enemigos, y volvería mi mano contra sus adversarios! Los que aborrecen al Señor se rendirían ante él, pero serían eternamente castigados. Y a ti te alimentaría con lo mejor del trigo; con miel de la peña te saciaría.” Salmo 81:10-16

Esta porción del Salmo nos invita a escuchar la voz de Dios y atender a lo que él dice; ya que Dios mismo esta describiendo como esta ahora la relación entre su pueblo y él. El pueblo no ha escuchado a Dios, no le hace caso y vive en una inseguridad debido a que tiene enemigos, adversarios, que están haciendo de la vida del pueblo, una vida de temor, de incertidumbre.

Aunque no le oyen y no le hacen caso la voz de Dios suena en este salmo para recordar al pueblo como bien pueden funcionar las cosas. Israel solo tenía que escuchar, hacerle caso y así Dios les daría la libertad de sus enemigos y los alimentaría con lo mejor del trigo, es decir, les proveería de recursos para que la nación estuviera economicamente activa.


En este salmo tenemos a un Dios que insiste, a pesar de que se ve obligado a abandonar al pueblo a su obstinada voluntad. No quiere brindarles la libertad por encima de que Israel lo desprecia sino quiere que vuelvan a escuchar, a oír, a atender su voz, solo así, como condición, el sometería a sus enemigos. Hay que notar que Dios no actúa a favor de su pueblo mientras éllos no escuchan; y eso nos tiene que hacer reflexionar en el como nos relacionamos con él. Muchas veces le pedimos a Dios que actue a nuestro favor: un milagro de sanidad, solución a algunos problemas, fortaleza, etc… pero nuestros oídos están sordos a su voluntad, y aún así esperamos que el conteste nuestras peticiones. Olvidamos que Dios se acerca a nosotros a traves del compromiso, donde ambas partes deben cumplir con sus promesas, con las exigencias de esa relación.

Dios no es ajeno a nosotros. No es un templo o una imagen a quién acudimos en lugares reservados para expresar nuestras plegarias y dejar ahí nuestras ofrendas. Dios está tan vinculado a nosotros tanto que insiste en que le escuchemos, aunque le demos la espalda, aunque no le hagamos caso.

Imagínate que todo aquello que te da inseguridad ante la vida este ahora sometido, sin causarte daño, sin que se hospede en tus pensamientos, sin que viva en tu corazón. Que llegué el día en que puedas vivir sin la inseguridad y con una esperanza viva. Así es el plan de Dios, llegar y terminar con todo aquello que causa daño en nuestras vidas, así insiste, así nos invita a escucharle, a hacer caso. Si tan solo le escucháramos. Si tan solo quisiéramos estar en sus caminos.

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